sábado, junio 23, 2007

NO-CAMINO AL ANDAR que curte lo terrestre.















En las palabras se puede buscar una manera de comunicar o crear, de situarse en el paradigma universal de todos con un articulador de coordenadas o invitar a pocos a mirar y vivir un misterio tomados de la mano o en sexo, algún íntimo acto de esos, de cualquier forma próxima, tiernos y en calor de uno con el otro se puede hablar de crear palabras de verbo o no verbales. En esto la palabra puede guiar la lectura de la carne aunque es mejor en silencio, es mejor que no este, no es más que eso la palabra, un hito indicador y no un integrante de un paradigma autónomo de otra dimensión.

Las palabras generalmente chacrean el acontecer, nombrar es matar, como lo es también indicar, señalar, orientar y decir que en la vida existen caminos y coordenadas, cuando la vida se hace al andar sin caminos o coordenadas. La huella por donde otros muchos han pasado, sin peligros, anticipada, sin novedad, tiende a la alegoría de una autopista, donde vertiginoso ya siquiera sabemos porque se corre en ella hasta lo instantáneo.

Crear es distinto a comunicar, no se trata de discursos elaborados, de palabras articuladas al control. Se trata de aconteceres sin rumbo, de faustos graciosos.

No creo en la convergencia de las partes a un punto final, no todos los caminos llevan a Roma o el cielo, puede que partan de Roma y llevan quien sabe a donde. El perspectivismo es mi filosofía, la teleología en esto, es un recurso practico que estoy de acuerdo puede funcionar en el paradigma, pero es nada más que eso. Saber usar el lenguaje para comunicar con eficacia no quiere decir que se esta creando con él, el efectismo reafirma los valores en curso reafirma lo dado, requiere su éxito, la habilidad de oportunistas que se proclaman visionarios de nuevos mundos y lucran con ello; pero la creación se mastica en soledad y se demora, se encarna y revela en el acontecer menos esperado, sin saber siquiera el origen de su emerger, misterio que se escapa al registro y las cámaras.

Las naciones bajo el alero de un mismo dios, es una manera de situar el mundo de partes bajo los mismos parámetros, entrenar y programarlas con esos matices absurdos que muchos llaman diversidad y posibilidad de campo, como la liga griega y sus juegos o la actitud cuántica. Siempre existe un propósito superior referido a otros en un ranking de top-x, identidad (+) desde la alteridad (-), avanzar a ser el holón omniabarcante en términos del gurú transpersonal Wilber. Siempre referido a otros, nunca existe incertidumbre real, siempre hay espejos otros que me reafirman, recetas, pistas, claves y lecciones, top “tips” o datos para abrir caminos y ventanas, posicionarse "is the name of the game", donde los medios justificados por este fin, serían técnicas para lograr ese ideal el cual es como digo simplemente posicionarse, lo que Deleuze llama la mayoría que busca toda minoría, que quiere ser mayoría para hacerse reconocer y de alguna manera sobrevivir. Pero un pueblo siempre es una minoría creadora, que permanece como tal aun cuando alcance una mayoría según Deleuze ... ¿o no? Aquí tengo dudas.

Surge la paradoja en el arte del ethos, de apelar con él a un pueblo aunque se constata siempre que falta el pueblo, este fue el gran dilema de Pedro Morandé en su Cultura y Modernización en América latina, donde plantea con gran lucidez el error ilustrado de creer que un ethos se puede configurar.

Según Deleuze se integra a un modelo o paradigma sin depender de él, lo que creo sólo se da en apariencia, porque el eidos subyacente igual programa al ente. Puede el integrarse parecer un reflejo y nada más que una apariencia, indicador práctico para minorías y no motivo de inspiración existencial, pero creo que subyace en hábitos motores que encarnan estas ideas que no entran por un ethos colectivo sino un hábito individual que como reacción busca el ethos, la tesis.

Realizar una posibilidad es materializar una imagen, es el deseo de representación, la busqueda de este ethos por reacción, un teatro. Lo relaciono a congelar fenómeno para movilizar noúmeno. Pero Actualizar un virtual en términos de Deleuze, es salir de la imagen del ethos como fin que empuja la realización, el juicio sintético a priori. Al escapar del compromiso del fenómeno para con la posibilidad ilusoria del ethos, emana la producción de deseo, emerge realidad. Lo relaciono con romper un noúmeno y desplegar el fenómeno. Desenmascarar este círculo vicioso a nivel colectivo es complejo, ya que el teatro o espectáculo dirigido, plantea una ficción colectiva que anticipa y aliena este tabú individual.

Así se explica esa ilusoria sensación de soberanía de los estados, focos y bolsas del mercado universal, fábrica de riqueza y miseria, que pareciera ser universalizante y homogeneizador. ¿Cómo es posible sostener esta doble lectura que aparenta el mundo global? Con un ethos aparente: un palo blanco colectivo, y un eidos subyacente: oculto en cajas negras del laberinto de la soledad.

Cuando se quiere dar certezas al proyecto del ethos y su porvenir, se apela a la estupidez de que el futuro histórico de las revoluciones no tiene porvenir, que son amenaza al “establishment”, con ejemplos y maquinaciones absurdas se demuestran puntos de vista. Por lo contrario creo que este establishment es lo intolerable en realidad, eso establecido de un ethos camaleónico que muta la misma estructura en novedades. El devenir revolucionario de la gente podría ser lo único capaz de exorcizar este intolerable, esto establecido en la tradición ósea como tabú, para que la revolución no sólo lleve a ese instante colectivo o catarsis social de verse parte de un destape, cuando la programación individual persiste oculta en el laberinto de la soledad, gran metáfora de Paz.

Siguiendo con el fenómeno del caos revolucionario como símbolo, existe de él dos lecturas:

Los que someten y tratan de ver la contradicción que desencadenó el caos, para reparar y mejorar el proceso que se puede re-instaurar para someter y controlar, y la lectura de los sometidos que quieren vivir y ver ese algo que se escapa, que emerge más allá de una falsa esperanza.

Lo primero es reprogramar, lo segundo es detenerse y mirar lo acontecido, vivir lo acontecido. El acontecimiento no se explica por los estados de cosas que lo suscitan, sino por preguntarse como emerge, concentrarse en el defecto y no efecto que lo causa. Como dice Nietzsche sobre el hecho de que la función que puede realizar un fenómeno, no constituye la razón de su génesis. El defecto, el accidente son lo que interesa rescatar, el punto de fuga a la fuga y no el desajuste que se puede reprogramar con nuevas esperanzas, remakes mesiánicos de héroes trágicos. Un acontecer que escapa al replanteo histórico de los eternos vencedores que han encontrado mecanismos siniestros para perpetuar el control, con justeza, elegancia y sofisticación martirizada.

Desde que se abren los templos, la sociedad disciplinar de una elite en el encierro, se extiende a las masas en la cotidianidad más prosaica, controlado instantáneo y en escalas micro. El ethos de lucha como un ideal, no contrarresta jamás la programación subyacente del eidos que atormenta y ahoga, no posibilita escape alguno, es una pena eterna, deuda eterna; salvo con el uso del cliché como compensación momentánea sostenida en el infinito devenir de la información, se sostiene el lugar común barato, que comunica pero no crea. Se podría decir que mientras el eidos neutraliza el cuerpo de deseo, el ethos anticipa en el cliché una ficción mental en representación, identificable y movilizadora pero sin ninguna emergencia real, tedio terrible de diversidad estéril, sentarse como zombi frente a un televisor. Lo Apolinio vence y tiene la carne vencida- putrefacta. Se extiende el desierto, el virus se propaga, lo celeste y virtual se realiza y las tierras se tornan plataformas estériles (a lo más, generadoras de reacciones controladas como los paros de las industrias) para su total engendro que pareciera un designio divino.

Para los ingenuos socialistas cristianos Deleuze afirma: Los Derechos humanos no lograrán nunca santificar las delicias del capitalismo liberal. Agregaría yo: cualquier discurso trasnochado, cualquier remake light con pretensiones “deep”. Revelar el devenir del minotauro en términos deleuzianos puede perspectivar el mundo y salvarlo de la teurgia teleológica judeo-cristiana-newage, el mega-mix-combo-triplepac, absoluto convergente de la banca y mercado de valores.

Soy traído desde y llevado hacia... esta bien cuando me subo a un ascensor que supe elegir, pero la vida no es un ascensor en un conjunto del lobby. Generalmente los reduccionistas amantes del cliché barato, viven la vida mirando lo bizarro como algo patético y curioso, ingenuo e inmaduro, cuando no saben que lo patético es repetir los mismos discursos y seguirlos con ciega esperanza. La palabras que dan datos, muestran procesos, describen focos de inspiración o fe, son de utilidad publica, rayan en lugares comunes, re-articulan la eterna estructura en curso y le dan un tinte histórico, contextual, que le de ese aire de vigencia y cercanía, escala humana, perfecto para narrar la pequeña historia del noticiario que conmueve otra vez a la masa de mutantes que creen ver algo nuevo y vital, pobres mutantes somos en palabras de Felipe Avello, el Tom Green chileno.

Me da nausea remirar los mismos discursos reordenados en nuevas formas, formatos y situaciones novedosas, creer que en ese remirar fresco algo se irá a aclarar o revelar en serio cuando es sólo en serie. Comprar una tarjeta Village, mas gay que Village People (nada contra el género) y llenar el reglón vacío con el nombre de alguien, como la tarjeta de cumpleaños que llega del banco para la fecha, como si situarte en un mensaje y referirte en él, le diera más sentido y contexto al absurdo abstracto.

Que cabrón fue Cristo al decir que es el camino, la verdad y la vida, que nadie llega a su dios Jehová si no es por medio de él, que no hay nada nuevo bajo el sol, sólo alternativas para seguir de alguna manera sus mismos pasos. Quizás en el paradigma de la diversidad y las alternativas por elegir estén agotados los cupos para situar un producto útil a esto, pero crear no tiene que ver con eso, crear es una especie de morir metafórico, donde uno alucina con algo que a nadie importa. A cristo no lo auspició y dio tribuna la Coca Cola, aunque ahora sí y por eso esta gastado.

Como dice Deleuze, hay que resistirse a la sumisión de un control, escapar del poder dominante, del saber constituido, aunque las nuevas emergencias se prolonguen en nuevos poderes y provoquen nuevos saberes, tienen en su momento una espontaneidad rebelde. Como dijo Sabato: "No hay peor tirano que radical en el poder."

La trampa de creerse sujeto pleno cuando existe el dominio personal y subjetivado de aquello ya instaurado, no es nada, no significa nada, es simplemente la esclavitud mental de creerse liberado en un laberinto dúctil y luminoso. Los medios dan lugar a lo que no lo puede amenazar, los medios esperan ser criticados con formas impotentes-imponentes, incluso auspician a los mejores críticos que atraen ingenuos sedientos de justicia, por eso lo peor para los medios sería la indiferencia, y ni siquiera la indiferencia reactiva, sino la genuina sentir que eso de comunicar con la palabra instrumental en el paradigma nada mueve de adentro, revela un tedio insoportable que obliga a crear con la palabra otro lugar, de intensidades que a nada llevan pero igual llegan a alguna parte.

1 Comment:

Random dijo...

Entonces sentarse y meterle el dedo a la gente debe ser una actividad muy fructífera. Después de todo, cada uno es libre de crear su propia sociedad y su propio medio de comunicación, y no es una cuestión de sanidad, insanidad, pirámides o competitividad... es una cuestión de coexistencia y sobrevivencia.

La naturaleza manda al final, y nosotros, intentamos cumplir con nuestras funciones básicas. Pero...

¿Quiénes somos para sacar el dedo?

Hay que encontrar un punto en común despues de todo ¿No?

Saludos Palo Blanco - Caja Negra.

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